Jonatan Jurado Jurado

Ante la reciente oleada de violencia en El Paso, Texas y Dayton, Ohio. La cual contiene bases ideológicas, me atreví a escribir las siguientes líneas.

Hoy día no será sencillo caer en un “nazismo” como el de los años 20 y 40, ¿quién está dispuesto a morir por su país? Quizá solo los musulmanes de sectas terroristas. Los nacionalismos están mancillados y pasados de moda; las democracias representativas apenas entrarán en algún tipo de crisis, pues obedecen a los intereses del sistema neoliberal y este a su vez, a la plutocracia. 

Sin embargo, no debe olvidarse que la condición humana es la misma a través del tiempo, y a pesar de la guerra y los genocidios de Auschwitz, hay un fuerte antisemitismo en redes sociales; el Ku Klux Klan sigue vigente en los Estados Unidos de América; en Arizona, grupos de ciudadanos armados salen a “cazar” inmigrantes en pro de la seguridad, cuando ellos mismos saben que quienes cruzan la frontera van desarmados y con ánimos de buscar mejores oportunidades de vida en ese país; el propio presidente republicano de Estados Unidos de América ha hecho público su desprecio por los mexicanos y latinos en sus discursos y a través de sus cuentas de Twitter. 

Si bien, con los triunfos de los partidos liberales en Alemania y Francia, no existe una tendencia hacia las dictaduras, y difícilmente se abolirán o desaparecerán los partidos políticos, puede darse el caso de que la manipulación de las ideologías logre que se pierda la sustancia de la democracia en los países desarrollados e influidos por la cultura global; pero se mantengan las fórmulas (aparición de multipartidismo y partidocracia) mediante simulación democrática. Como ha sucedido en México, el resto de Latinoamérica y países en vías de desarrollo, es decir una antidemocracia. Y al igual que sucede en la política, sucede con la religión y los movimientos ideológicos. Por ejemplo, dentro del islam, hay un anti-islam, representado por grupos terroristas como Al Queda, Isis y el Estado Islámico; y como también está pasando con el Ásatrú y el anti-Ásatrú que en lugar de poner de relieve la bondad de los dioses nórdicos, se están dejando guiar por el furor destructivo de Odín, mismo arquetipo que apareció en los países germano-escandinavos durante los nacionalismos del siglo XIX y principios del XX y que dio lugar a ideas ariosofistas como el White Supremacist Power. Incluso hoy, el cristianismo no se ha salvado de un anti-cristianismo, pues, así como los grupos ariosofistas del Neo paganismo germano, hay grupos de extrema derecha arropados por las diferentes instituciones cristianas que desprecian a las minorías y buscan incidir en la ley para interferir con los derechos personales y civiles de otras personas, en pro de una teología moral, que únicamente debiera afectar su circunstancia personal de fe. Si los neo paganos germanos inciden en el espacio público asesinando a negros, judíos y latinos, estos grupos cristianos de extrema derecha invaden el espacio público con intenciones de restringir las libertades y derechos humanos a partir de sus filiales políticos como la Organización Demócrata Cristiana de América Latina y sus partidos miembros. Es decir, pretenden llevar el lenguaje privado de sus creencias al espacio público estatal. Eso no cabe en una sociedad verdaderamente pos-secular.

Tal como el nazismo lo hizo con los judíos y con los alemanes que estaban en contra del régimen nacional-socialista, estos puntos de vista fundamentalista-fanáticos de carácter integrista-escatológico, están cada vez más presentes en diferentes ámbitos de la sociedad en el siglo XXI, aunque desde diferentes trincheras ideológicas (derecha e izquierda) como el Manifiesto The Great Replacement (derecha), la ChristChurch (derecha), la política de oposición a la libertad de autodeterminación de la personalidad propuesta por la ODCA (derecha), el movimiento LGBT Radical Faeries (izquierda), y el feminismo terf (izquierda), el Foro de Sao Paulo (izquierda), la Moral del Pacto Republicano (izquierda). Son riesgosos, porque concurren en el error de censurar con violencia a las personas por su raza, religión, género, identidad y orientación sexual apelando a una malinterpretación del mensaje religioso e ideológico, que por lo general tiene bases en la bondad y el amor (Zakat, Ágape, Karuṇā, Tzedaká, Karma, autodeterminación de la personalidad, libre ejercicio de la sexualidad, etc.). Con esta afirmación no se pretende asumir una postura combativa o reaccionaria desde la razón ilustrada contra la religión o las ideologías con bases fenomenológicas, la fe o las creencias, simplemente, se busca que el pluralismo conduzca al respeto por las creencias ajenas y como siempre he mencionado, el mito o la literatura fantástica como es el caso de Harry Potter (específicamente en estos casos) puede ser una excelente propedéutica para chicos y grandes, como lo fue para los griegos y los escandinavos; para que los fundamentalistas religiosos, del ateísmo o agnosticismo y de las ideologías atemperen sus posiciones, comprendan y respeten la alteridad, pues en su conjunto, las religiones y las ideas políticas llevan a puerto esperanzador.

 

Nota: Aquí es importante explicar que el fundamentalismo sostiene que las creencias están justificadas si, dentro de la estructura mental intelectual, las creencias son básicas (no fundamentadas en otras creencias) o bien se derivan adecuadamente a partir de creencias básicas como el caso del Cristianismo y del Islam que derivan del Judaísmo (Blasco y Grimaltos, 2004). Es decir, el fundamentalismo es una noción epistémica, una persona puede ser fundamentalista sin ser fanática, sus creencias son tan básicas y tan evidentes que no están a discusión. Se hace mención a los fundamentalistas como fundamentalistas-fanáticos, que son personas dispuestas a imponer su credo a los demás por medio de la fuerza debido a su radicalidad como sucede casi siempre con los monoteísmos y las ideologías totalitarias: comunismo, nazismo, fascismo, estalinismo, etc.