Washington.- Preparándose para un posible enfrentamiento con el presidente Donald, Trump, los gobernadores de varios estados empezaron el martes a elaborar planes en forma conjunta para lo que aparentemente será un proceso prolongado y gradual de reapertura de la economía tratando de impedir un repunte desastroso de la pandemia.

Aunque la crisis dista de haber terminado, las posibilidades funestas que muchos pronosticaban hace apenas dos semanas no se han materializado, lo que ha generado esperanzas de costa a costa.

El gobernador de California, Gavin Newsom, quien se ha sumado a una coalición con sus colegas de Oregon y Washington, dijo que anunciará un plan detallado en las próximas horas para levantar las restricciones, utilizando "la ciencia, no las presiones políticas, para orientar la toma de decisiones".

Una coalición similar en el noreste abarcaba los estados de Connecticut, Delaware, Massachusetts, Nueva Jersey, Nueva York, Pensilvania y Rhode Island.

"La casa todavía está en llamas", dijo el gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy. "Todavía debemos apagar el incendio" y a la vez "asegurarnos de que no vuelva a encenderse".

Trump, quien ha expresado reiteradamente el deseo de reabrir la economía _la semana pasada dijo que quería ver las iglesias atestadas de gente en Pascua_, insistió durante el fin de semana que tiene autoridad "total" para decidir cuándo y cómo se aflojan las restricciones, una idea considerada contraria a la Constitución, que delega esos asuntos en gran medida a los estados.

El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, calificó esa afirmación de "absurda" y acotó que "no tenemos un rey, tenemos un presidente".

Hasta el martes Estados Unidos registraba más de 584 mil casos de coronavirus y lideraba el mundo en la cifra de muertes, con más de 23 mil 700, de acuerdo con un recuento de la Universidad Johns Hopkins.

En Nueva York, donde la cifra de muertes superó las 10 mil el lunes, Cuomo dijo que "lo peor ha pasado si seguimos siendo inteligentes".

El Fondo Monetario Internacional proyecta que la economía mundial padecerá su peor año desde la Gran Depresión de la década de 1930, con una contracción estimada de 3%.