Por: Víctor M. Quintana S.

Brasil pide ayuda a gritos. La desesperación por la expansión de la pandemia de COVID-19 y la elevación de la mortalidad generada por ella han hecho que un nutrido grupo de intelectuales y artistas, encabezados por el teólogo Leonardo Boff, acaban de hacer pública una “Carta Abierta a la Humanidad”.

Señalan que el texto es fruto de la impotencia, que la pandemia ha diezmado al pueblo brasileño peor que la guerra con Paraguay que le costó 50 mil muertos. Denuncian el genocidio en curso: “Brasil sufre hoy el colapso intencional del sistema de salud. El descuido de la vacunación y las medidas preventivas básicas, el fomento de la aglomeración y la ruptura del confinamiento, sumado a la ausencia total de una política de salud, crean el ambiente ideal para nuevas mutaciones del virus y ponen en peligro a los países vecinos y a toda la población. Vimos con horror el exterminio sistemático de nuestra población, especialmente de los pobres, quilombolas (afrodescendientes) e indígenas”.

Para ellos el responsable de este genocidio al presidente Jair Bolsonaro: “Este hombre sin humanidad niega la ciencia, la vida, la protección del medio ambiente y la compasión. El odio al otro es su razón para ejercer el poder.” La arrogancia, la torpeza y el descuido con que ha manejado la pandemia han hecho que Brasil sea el segundo país del planeta con más contagios y fallecimientos y que el virus haya mutado al virus amazónico que ya llegó a los Estados Unidos.

Por otro lado, sin que haya una carta formal todavía, ya son muchas las voces, desde abajo y desde arriba entre ellas la del presidente López Obrador que claman para que las naciones ricas dejen de acaparar vacunas y patentes. Un dato muy ilustrativo: 10 países concentran a estas fechas el 90% de las vacunas. Canadá tiene una cantidad de vacunas cinco veces superior a su población. En contraste, 80 países no han tenido acceso a vacuna alguna. 

Además, las empresas trasnacionales productoras de vacunas como Pfizer han impuesto leoninas condiciones a los países latinoamericanos que las adquieren, como el que sean los gobiernos quienes carguen con todos los costos de eventuales demandas de indemnización por diferentes fallas en el suministro de las vacunas o los efectos negativos que pueda provocar en algunos pacientes.

En contraste, países no alineados en la órbita de los Estados Unidos y de Europa Occidental proceden de una manera totalmente distinta. Cuba anuncia que producirá 100 millones de unidades de su propia vacuna para distribuirla a los países latinoamericanos integrantes de la Alianza Bolivariana, Vietnam, Irán y otros que las están demandando. China, por su parte, ha anunciado que hará de las vacunas contra el COVID-19 bienes públicos mundiales, esto además de que sus vacunas se están distribuyendo ya en 27 países, 11 de ellos latinoamericanos sin condición alguna.

Todo esto revela una vez más que el capitalismo es letal no sólo para la vida de los ecosistemas, sino también para la vida humana. Al enfrentarse a una crisis como la de la pandemia del COVID 19, salen a flote sus tendencias de concentración del poder, del lucro, de desinterés por el conjunto de la humanidad. Tal vez los muy corruptos y autoritarios Trump y Bolsonaro sean los extremos, pero la lógica de las trasnacionales farmacéuticas y los países ricos va en la misma línea de beneficiar sólo a unos cuantos y obtener provecho económico.

Por eso se necesitan muchas Cartas Abiertas a la Humanidad, como la de las personalidades brasileñas. Para poner la vida y la supervivencia nuestra como especie por delante, para que los valores como la solidaridad, el bien común, el cuidado sean los que orienten la globalización. Si no se hace así, ni siquiera los que pretenden acaparar patentes, vacunas, medicamentos, se van a salvar, y de eso no se quieren convencer.

O nos salvamos todos juntos o todos juntos perecemos.