México se encuentra en medio de la tercera ola de COVID-19. Tras más de un año y medio en crisis sanitaria, los estragos de la pandemia se han vuelto más y más evidentes. Entre ellos, el insomnio o la baja calidad del sueño.


De acuerdo con un estudio de la Arizona State University los trastornos del sueño en 79 países incrementaron hasta 56% durante la crisis sanitaria. 


La profesora Megan Petrov, una especialista en el tema asociada al Edson College, aseguró que este fuerte incremento del sueño es motivo de preocupación.


“Me pareció inquietante ver cómo antes de la pandemia muchas personas tenían increíblemente restringidas sus oportunidades para dormir”, dijo Megan Petrov, quién agrupó los trastornos en cuatro patrones diferentes: sueño retrasado, sueño perdido y fragmentado, sueño oportunista y sueño desregulado y con angustia.


En una conferencia de prensa del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) se definió el sueño como “el estado fisiológico, periódico y reversible, donde sucede una disminución de la percepción del medio externo”.


Con la pandemia, reveló el doctor José Alavés Miranda, el insomnio en el personal de salud, por ejemplo, incrementó casi el triple al igual que los trastornos como la ansiedad y la depresión. Incluso señaló que en mujeres habría incrementado 1.3 veces más.


“Valorar nuestro sueño no es solo una cuestión personal”, explicó Petrov. “Una buena salud del sueño aumenta la probabilidad de ser una persona más segura y más productiva en la sociedad, así como a tener un mayor compromiso como parte de una familia, un equipo de trabajo y una amistad”.


Entre los cambios que encontraron en Arizona estuvo un patrón de “sueño retrasado”, asociado principalmente con el retraso de la hora de dormir y el aumento de pesadillas. Además de un 20% más de “sueño perdido o fragmentado” que, en efecto, fue superior en las mujeres que en los hombres.


Otro elemento fue el “sueño oportunista” que afectó a uno de cada 10 individuos en esta pandemia, pues las personas encontraron más tiempo para descansar, pero con cambios en sus rutinas diarias.


Finalmente, el sueño “desregulado” fue el factor menos experimentado en la muestra con un 5%. Estas personas tuvieron el mayor deterioro en su sueño, acompañado de un aumento en pesadillas, siestas y la mayor severidad en síntomas de insomnio.


Megan Petrov aprovechó para recordar que las dinámicas de la pandemia no han transformado los elementos esenciales de un buen sueño, como dormir en un horario estable, en un ambiente seguro y sin distracciones como aparatos electrónicos o comida.


“Muchas veces, cuando pones atención a cómo duermes puedes encontrar los cambios que puedes hacer”, recalcó la especialista.


Aunque confinamiento en México ya no es total y los menores han regresado a las clases presenciales, miles de personas en el país continúan en dinámicas que favorecen en poco o nada su salud a la hora de dormir. Mientras tanto, los mexicanos siguen en pie de lucha contra el COVID-19, enfermedad que en las últimas semanas ha dejado jornadas con más de 20,000 casos en 24 horas.